EL PROBLEMA NO ES DEL ISLAM

 

بسم الله الرحمن الرحيم

Autora: Sherezada

EL PROBLEMA NO ES DEL ISLAM

Mi hijo estudió con un profesor que solo tenía dos camisas, un pantalón jean, un pantalón de drill, una chaqueta y un par de zapatos. En invierno los zapatos se le rompieron y llegaba con los zapaticos con huecos a dictar clase. Sus estudiantes sentían compasión por él y entre todos juntaron dinero, le compraron unos zapatos. En un momento de una de las clases, ellos se los dieron a mi hijo para que se los entregara; el profesor sintió mucha alegría, estaba muy contento, abrazó a sus estudiantes, les agradeció. Subjana Al-lah, nunca he visto tanta felicidad en un hombre por algo tan sencillo, él mismo les dijo que nunca había esperado un detalle así, y que agradecía a Dios por contar con estudiantes tan especiales.

Al otro día llegó estrenando, contento y buen mozo. A media tarde salimos a rezar la oración del áser, como todos los demás él dejó sus zapatos nuevos en la entrada de la mezquita. Lee bien: EN LA MEZQUITA, y entró a rezar, sí, lees bien, A REZAR. ¿Quieres adivinar qué sucedió cuando salió de la mezquita?

Suspenso…

No encontró sus zapatos. Se los habían robado.

Si, así como lo lees. El profesor se quedó sin sus zapatos nuevos, los cuales no podía reponer, pues no contaba con dinero para ello. Le prestaron unas chanclas plásticas, de las que se ponen en la mezquita para cuando vas a hacer ablución, de esas mismas, para que siguiera dictando clase.

Yo lo vi en la cafetería, y cuando me contaron lo sucedido quise llorar (tal vez como te sucedió a ti), pero no por tristeza, por rabia. ¿Qué clase de gente robaba en la puerta de la mezquita? Mi hijo estaba conmigo, se acercó al profesor y le dijo: “Profe, ¿por qué no buscamos a los ladrones y les pegamos para que le devuelvan los zapatos?”, lo dijo delante de todos y solo pudimos refrenar las lágrimas y agachar la cabeza, el profesor le respondió: “Dios sabe que ellos los necesitan más que yo”.

Él lo dijo recordando la historia del Profeta (B y P), cuando Said Ibn al Arkan lo jaló de su túnica tan fuerte que lo hizo caer, y le dijo:

“¿No vas a darme lo que me debes? No sabía que la gente de la tribu de Abul Mutalib eran de los que se retrasaban en el pago de sus deudas”. Omar Ibn Al Jatab estaba presente y le respondió a Said: “Juro que si no fuera porque temo la ira del Mensajero de Dios, ya tu cabeza no estaría en su lugar”. El profeta (B y P) sonrió y le dijo a Omar:“Este hombre necesita más que yo, vete con él y dale veinte Saa[1] de dátiles.”

La actitud del profesor me recordó enseguida que el musulmán debe seguir el ejemplo del Profeta Mujamad (B y P) todo el tiempo, yo no me esperaba esa lección tan hermosa en un momento tan triste, entonces mi hijito volvió a intervenir: “Profe, ¿no siente frío?”, el profesor respondió: “No. Además, las chanclas son mejores para hacer ablución,” y sonrió.

Estoy narrándote la historia de un hombre que empleó siete años estudiando en la universidad, que trabajaba en la mañana en una escuela, y en la tarde enseñando árabe a niños no árabes cobrando muy poco (aun necesitando el dinero), y tú te debes estar preguntando: ¿para qué me relata esta anécdota?

Imagínate que tú fueras a rezar a la mezquita, al salir te encuentras que has perdido algo que necesitas, que es costoso y no tienes cómo reponer, piensa: ¿Qué te dolería que te robaran en la mezquita? A continuación, imagina cual sería tu reacción.

Muchos de los musulmanes que conozco empezarían a despotricar contra el Islam, contra esa mezquita, contra los musulmanes, y lo digo porque en muchas ocasiones he escuchado frases como: “Esos no son musulmanes, son ladrones”, “esa es una mezquita de estafadores”, “el Islam no me sirve para nada”, “eso es lo que gano por ser musulmán”…, y otras más.

Pero, fíjate qué pasó con el profesor de mi hijo, él decidió ver un lado amable a la situación y seguir la sunna del Mensajero de Dios (B y P), y en esa actitud radica una parte muy importante del Islam, una parte que se anida muy profundo en el corazón del creyente.

Cuando tenemos problemas, cuando todo parece ir en contra, es el momento en que más debemos preguntarnos: ¿Según el Islam, qué debo hacer? El Profeta (B y P) fue enviado como misericordia para todos, y eso mismo lo dice el Corán:

No te he enviado [¡oh, Mujámmad!] sino como misericordia para todos los seres. (Corán 21:107)

Como nosotros seguimos su ejemplo, ese debería ser nuestro modelo a seguir. En esa decisión, la de seguir la sunna en los momentos difíciles, radica el Islam, el que esta profundo en el corazón. La misericordia y el perdón también es el ejemplo de José, recuerden cuando estuvo frente a sus hermanos, aquellos que habían complotado para asesinarlo, que lo vendieron como esclavo, aquellos que ahora lo veían y él era un hombre poderoso. En lugar de vengarse o escarmentarlos, les dijo :

“Hoy no les reprocharé nada de lo que me hicieron en el pasado” (Corán 12:92)

El problema no es el Islam, no es lo que te sucede por ser musulmán, si te roban los zapatos en la entrada de una mezquita mientras rezas no es porque el Islam esté mal, ni porque ya toda la Ummah de Mujámmad está perdida. Tal vez la situación que enfrentas es una lección necesaria, lo que debes hacer es reflexionar al respecto.

La reflexión (tafakur) de una situación, es un comportamiento que el Islam insta a desarrollar en el ser humano, al hacerlo podemos ganar control sobre lo que pensamos, y la manera como nos expresamos, y de esta manera evitar hacer aseveraciones que van en contra de la sunna. Recuerda el jadiz que dice:

“Quien crea en Al-lah y en el último día, que hable bien o que mantenga silencio.” (Bujari)

Reflexionar sobre lo que te ha acontecido te ayudará a tomar la mejor actitud y a aplicar la sunna, aun en momentos en los que parece que esta no tiene ninguna utilidad. Recuerda siempre, el problema no es del Islam.

 

[1] Saa es una medida usada en esa época, equivale a 2 kilos y medio.

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Autor sherezada
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